jueves, 4 de septiembre de 2008

Las consecuencias de la lucha

Daghas se paseaba impacientemente por el salón de la comandancia del campamento. Mirando a todas partes, nervioso, con las manos cruzadas en la espalda, moviéndose como un león en la leonera. Tenía los dientes apretados y la frente perlada de sudor.
Un poco más lejos, Glen se mantenía erguida en una silla, como mandan los cánones de los ejércitos, pero, tras la túnica azul que portaba, se retorcía las manos, esperando el veredicto del médico de campaña.

Aquello no pintaba nada bien.


Daghas paseó la vista por el salón hasta encontrar algo. La maza de Thorfinn, aun impregnada de sangre, sesos y barro, que reposaba contra una de las tapizadas paredes del salón.

-Mi señora, voy a limpiar la maza de mi compañero- susurró Daghas en su tono habitual- Creo que se enfadará si se la encuentra estropeada…- esbozó una débil y triste sonrisa, al recordar cómo había montado en cólera Thorfinn cuando, tras una batalla, al día siguiente había encontrado en el barro, pisoteada y sucia, su maza. Los ecos de sus improperios se oyeron en kilómetros a la redonda.
Buenos tiempos, si.

Glen asintió con la cabeza, pero siguió con la mirada fija en la pared, tal vez indagando en algún punto de su alma.

Daghas meneó la cabeza. Había advertido un comportamiento extraño en Glen, que él había achacado al cansancio de la batalla y a las continuas peleas con el conde Johannes. Estaba…cambiada.

Daghas se despojó de esos pensamientos y caminó en dirección a la herrería del campamento. Bleiki Sognsson era un buen herrero, y le unía una amistad de años, cuando comenzó en el ejército como un recluta más.

- La paz sea contigo, Bleiki- dijo Daghas cuando entró en la recia cabaña.
- Y contigo, Daghas el oscuro- una sonrisa amplia le saludó desde la fragua. Aunque ya tenía a sus espaldas muchos años, Bleiki seguía conservándose jovial y en plena forma por el trabajo de la herrería. Una sudorosa y despejada frente daba lugar a unos ojos claros y vivaces y una sonrisa de grandes dientes bajo una espesa y trenzada barba. Su cuerpo era parecido a un inmenso tonel de musculosos brazos y fuertes piernas bajo un cinturón de donde colgaban sus herramientas y un peto de cuero negro donde las manchas de quemaduras eran patentes. Sus ropas, una “camisa” sin mangas y unos pantalones cortos mostraban sus poderosos brazos.
- Y dime, mi querido amigo, ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?
- Necesito que le des un repaso general a la maza de…de Thorfinn.- dijo Daghas, atragantándose en el nombre de su amigo.
Las facciones de Bleiki se endurecieron- ¿Y qué noticias hay? Tanto los hombres como yo estamos preocupados por su estado. No pude ir a socorrerle porque, ya sabes…-dijo señalando a la fragua- el fuego no se cuida solo. Pero por lo que me contaron, lo encontraron con dos profundos cortes, uno en la pierna y otro en el costado, a parte de magulladuras y arañazos de diversa importancia…- Bleiki puntualizó- Ya sabes amigo, el herrero es el confidente del guerrero, pues sabe con qué va a combatir y el estilo de cada uno. Hace que aprendas mucho.- de nuevo, el rostro del fornido herrero se oscureció- ¿Cómo lo ves, Daghas?
-¿Cómo lo veo? ¡Lo veo bien, por los dioses! ¡ Si no, no te hubiera traído su maza! ¡Repárala!
El rostro del viejo Bleiki se contrajo en una mueca observadora. No se echó hacia atrás ni se atemorizó. Se mantuvo.
- Discúlpame Bleiki. Me han podido los nervios- Bleiki volvió a sonreír bajo su canosa barba- La verdad es que las nornas están cerca de su lecho. No se que va a pasar- se sentó, abatido, en un banco que había allí. – Los dioses quieran que se recupere pronto y bien….
- Tranquilo joven Daghas- dijo Bleiki, conciliador. –Dejaré su maza que hasta el mismo Ókuthor vendrá a que repare su Mjolnhjr. No te preocupes. Ahora, debes estar cerca de tu amigo. Anda ve, y comunícale mis mejores deseos, ¿de acuerdo?- Bleiki estampó su manaza en la espalda de Daghas, como gesto amigable. -¡Ah! Y dile a…ya sabes…”el francés” que ya tengo su armadura ceremonial preparada.
- ¿”El Fran…? ¡Ah! – Daghas rió con fuerza, liberándose de las tensiones- ¡De acuerdo! ¡Y de paso le diré que su “martillo ceremonial” también está listo- con gestos, se señaló los genitales, haciendo pantomimas con un martillo imaginario en…un “yunque” imaginario.
El guerrero y el forzudo herrero rieron con ganas. Si, el conde Johannes no era muy querido en la tropa por sus modales afrancesados y (en opinión del regimiento) poco masculinos. Pero el jefe era el jefe, y era quien pagaba, así que debían guardarse sus bromas para los corrillos de amigos de confianza.

-Animo Daghas. En peores situaciones hemos visto a Thorfinn. ¡Adiós!- saludó Bleiki con su enorme mano.
- ¡Adiós amigo!- contestó Daghas ya fuera de la tienda-¡ Y gracias!
Un último saludo y Bleiki entró en su taller con la maza en las manos.

- Thorfinn viejo amigo…- dijo Dagas mientras se dirigía al salón principal.

Las cosas pintaban mal….

martes, 2 de septiembre de 2008

La batalla y la fe.

Hay momentos en que la fe de un hombre se tambalea. Momentos en los que la esperanza parece perderse y hundirse en una ciénaga, parecida a las que hay en tierras de los sajones. Normalmente esa fe se pierde por alguna causa.
A veces estando solo.
A veces en los peores momentos.
Y a veces cuando te juegas la vida.

El alma de Thorfinn se tambaleó. Su corazón tembló. Pero no tembló por lo físico de la prueba a la que se enfrentaba. Había luchado en peores condiciones. No se tambaleó por eso. Sino que su voluntad sufrió una pequeña fisura. Su alma, dividida en dos, le habló:

-¿Para que luchas, oh poderoso Thorfinn?-oyó una risa sarcástica- ¿Luchas por ti?¿ O acaso luchas por ellos?¿Qué te han dado ellos? Yo te lo diré. Sólo quebraderos de cabeza. ¡Tu te mereces algo mejor! Algo que tus amigos no te darán. Eres un iluso, Thorfinn- esta vez, la voz tomó un tono mucho más malévolo- Abandona. Huye. ¡Déjalos a merced del mal! Nunca te han retribuido tus acciones. ¡Vete y vive por tu cuenta!...-y en un susurro-…se merecen el mal…

-Realmente eres un idiota si crees esas memeces- ahora le habló una voz profunda, amigable y cálida que le reconfortó- ¿Quieres saber qué te han dado, hijo de Odín? Te han dado su amistad y su familiaridad. Te han llamado señor, hermano y amigo. Te han mostrado resquicios de su alma que sólo los dioses conocen. ¿Sabes que te mereces? Mereces morir a su lado, porque es la voluntad de los dioses y lo mejor para ti. Morir a su lado es vivir para ellos.- la voz parecía apesadumbrada- Sus almas posiblemente caigan en desgracia su te alejas de ellos, al igual que si ellos se alejasen de ti, la oscuridad te envolvería. Dime una cosa, hijo de la Maza- en este momento, la voz tomó un cariz más personal y confidencial- ¿Acaso no juraste frente a la pobre tumba de tus padres que “Mi Honor es mi Vida”?¿No les juraste lealtad y fidelidad como amigos tuyos que son?¿Dónde quedarán esos nobles principios si huyes?

-¡Imbécil serás si le escuchas!- la voz rasposa y malévola volvió a hablar- Yo te ofrezco vivir libre de esas ataduras en un reino de riquezas…¡Y tu escuchas esa estúpida y débil parte de ti!¡Rómpela!¡Desgárrala con tus manos! ¿Prefieres morir aquí, en el barro, que estar rodeado de mujeres, riquezas, comida y bebida en abundancia? ¡Iluso!- la voz chilló-¡Realmente eres lo que te decían en tu juventud!¡Perdedor!¡Perdedor!¡Idiota!- el tono de la voz era desquiciante. Entonces, y con mucha más fuerza, la voz grave habló, acogiéndolo en su calidez.

-Thorfinn, hijo de Odín. Eres un brazo de la justicia en la tierra. Y los dioses, piadosos, te han proporcionado la mejor compañía posible, como son Glen y Daghas. Son tus amigos, y bien sabes lo que es un amigo para ti. Lucha Thorfinn. ¡Lucha por ellos! Se lo merecen como la luz del sol.¡Se fuerte, hijo mío! ¡¡Valor!!

La voz del mal menguó y se retiró para no volver jamás. Su alma vibró, lució como una hoguera en la fiesta del fuego. Ahora, su propia voz habló desde lo profundo de su ser:- Mi Honor es mi Vida. Y mis amigos, mi fuerza y defensa. Si he de morir…¡QUE SEA POR ELLOS!

La maza voló en un arco de izquierda a derecha contra el gigante. Apenas habían pasado milésimas de segundo desde que Thorfinn tocara con su maza esa nota retadora.
La maza impactó contra el titán en su basta armadura de cuero endurecido. Los pies del gigante se movieron, pero se mantuvo.
-Vaya, comenzamos bien. Excelente- sonrió enseñando una dentadura mellada- ¡A ver que haces con…-su hacha cayó desde el cielo como un halcón sobre su presa-… esto!

Las chispas saltaron, y una fuerte nota metálica se oyó en el campo de batalla. El hacha fue parada por la cabeza de la maza de Thorfinn, que sostenía con firmeza y con fuego en los ojos.
-Mi Honor es mi Vida- susurró. Apartó el filo del hacha con su maza, y giró sobre sí mismo impactando ésta en la cadera del gigante, moviéndolo un metro a la izquierda- Mis amigos, mi fuerza y mi defensa.- La maza volvió a volar, pero esta vez, el enorme combatiente se apartó unos centímetros evitando así el choque con su hombro izquierdo.

Aprovechó para soltar contra Thorfinn un rápido corte con una daga que tenía escondida en su brazal derecho, y alcanzó a Thorfinn en el costado derecho, hundiéndose entre las rendijas de su armadura.

En el cerebro de Thorfinn explotó el dolor. Pero, al instante, desapareció. No hay dolor cuando luchas por los que consideras tu familia. Un rápido vistazo al fuerte le permitió ver como Daghas y una herida Glen le miraban con ojos implorantes.

-Por ellos…-susurró Thorfinn. Se levantó con un rugido que hizo temblar las piedras y los árboles, y asestó con el frontal superior de su acerada maza en los dientes de su contrincante, tumbándolo sorprendido.

-Vamos, enorme y apestoso engendro- gritó Thorfinn, mientras entre las junturas de su armadura la sangre caía. Seguro que puedes hacer más.

El titán se levantó enfurecido, y giró su hacha contra Thorfinn, que la paró con su maza. El golpe fue devuelto y parado a su vez. Consiguió el gigante apresar la maza del nórdico, llevándose también un descomunal cabezazo en la nariz. A su vez, Thorfinn recibió en plena mandíbula un formidable puñetazo del bastardo de Loki.
Los golpes continuaron. Cayeron los dos en varias ocasiones al suelo. En una de las ocasiones, la maza de Thorfinn, dirigida directamente a la cabeza del gigante, erró la trayectoria, lo que le valió recibir una patada en el costado herido. Pero quien las da, las toma, y el gigantón recibió otra patada en la rodilla por las botas de deslustradas placas de Thorfinn, oyéndose un sonoro crack, pero ninguna queja del inmundo guerrero.

La queja se oyó después. Tras caer a tierra, Thorfinn, con un rápido giro, enterró la maza en la amplia espalda del gigante, justo bajo la nuca, entre los hombros. El gigante, ahora atontado, dirigió su hacha hacia el hijo de Odín, alcanzando su pierna izquierda y hundiéndose en ella.
Con un último movimiento, y congestionado por el dolor, Thorfinn lanzó al suelo a su atacante, apoyándose en la pierna herida para propinarle una brutal patada en la espalda a la altura lumbar, y, encomendándose a Odín, bajó con todas sus fuerzas la maza sobre el desprotegido cráneo de su contrincante, generando una explosión de astillas, sesos y sangre, y clavándose su maza hasta la altura del cuello, atravesando de norte a sur el asqueroso cráneo. Sólo se oyó un suspiro por parte del titán. Después, su decapitado cuerpo cayó totalmente a tierra.

Su vida se extinguió, y volvió a Hel, donde debía haber estado siempre.

Thorfinn sonrió, miro hacia el fuerte, tambaleante y exultante, levantando su maza a modo de saludo, pero su vista se nubló. Miró en su costado derecho y vio el reguero de sangre que despedía, al mismo tiempo que su pierna izquierda no aguantaba más el peso de su maltrecho cuerpo y doblaba la rodilla. Antes de caer, clavó el mango de su ensangrentada maza en el blando barro, y mirando fijamente la runa de Odín que estaba grabada en ella, sonrió.
- Mi Honor es mi Vida-susurró con debilidad- Y mis amigos…amigos son…-su cerebro le fallaba, la falta de sangre era cada vez más notable-…moriré por ellos, padre .Estarás orgulloso…de…mi.

Y el cuerpo de Thorfinn cayó boca arriba, mientras sus hombres se arremolinaban en torno a él. Le pareció, antes de perder la consciencia, que Daghas y Glen se arrodillaban junto a él.
Todo se oscureció. Excepto su sonrisa por el deber cumplido. Su sonrisa por sentirse acompañado por aquellos que tanto le querían. No sentirse solo…

La fe vuelve. Cuando más la necesitas




Comentad a ver qué os parece. Un saludo!
PD: He nombrado a Thorfinn “Hijo de Odin” porque es un guerrero que se da a la justicia, y Odin es el dios de la misma.

viernes, 18 de julio de 2008

Cap II (3º parte)

La rodilla de Glen se hincó en la tierra. Sus fuerzas empezaban a abandonarla. Dias y dias de privaciones, de agobios, de batallas (ya sean contra el enemigo, o contra su esposo que se oponía a la lucha, o contra sus padres que le pedían una pronta vuelta a casa para continuar sus estudios de magia séid*) empezaban a hacer mella en su persona. ¿Por qué?-se preguntó-¿Por qué debe ser ahora, en el momento definitivo, donde las fuerzas me flaquean?. Con un esfuerzo sobrehumano, se puso en pie, mientras aguantaba, filo contra filo, vida contra vida, la embestida de uno de los principales oficiales del pútrido ejército, decidido, en cuerpo y alma ( si es que esos malditos tenían alma) a acabar con la vida de la caudilla, que tantos quebraderos de cabeza y tantas bajas le causaba.

Una voz, que parecía salir de lo más hondo de las profundades, habló en el casco:
-Joven Glen...Glen Hviti, ¿por qué te metes en asuntos de hombres?¿ No sería todo más fácil si volvieses a tu casa con tu esposo y te dedicases a las labores del hogar, como toda mujer debe hacer?- el bronco bramor de las armas hizo que su risotada se perdiese en el viento, al tiempo que acortaba las distancias con el rostro de Glen y exhalaba su pútrido aliento sobre su piel manchada de barro y sangre.
-Pobrecita Glen...terminar tus días en un apartado y recóndito lugar de Suecia*-rió la armadura- Pero debes terminar aquí...¡ahora!
El empellón propulsó a Glen hacia atrás, mientras el gerifalte se abalanzaba sobre ella.

Craso error.

Con un felino movimiento, Glen se apartó de la trayectoria de la hoja, dejando el cuerpo de su contrincante a su derecha, totalmente a su merced.
- Haz tus juicios, cerdo- dijo Glen a pocos centímetros del casco. No hubo tiempo para responder. Con un rápido giro, Glen clavó la punta de su espada entre los huesos del codo de su atacante, quien se vio en cuestion de milésimas de segundo con un brazo desgarrado colgando inerte de un fino nervio.
Tampoco hubo tiempo para gritos. Con la misma celeridad, Glen atravesó la espalda de su adversario, de norte a sur, sin miramientos, en una desgarrante cicatriz que revelaba a la vista los misterios del interior del cuerpo humano.
Con los ojos desorbitados, mezcla de cólera y sorpresa, el petulante oficial se llevó el brazo que le quedaba a la abierta espalda, antes de desplomarse con un ruido sordo sobre su sangre y sis vísceras.
Glen lo contempló fríamente, con la mirada del trabajador que ha realizado su labor con éxito. Mas no existió el tiempo para celebraciones. Antes de que su vista se nublase, salió despedida hacia parte de sus soldados, perdiendo el conocimiento durante unos segundos. Cuando volvió en si, giró sobre sus tambaleantes talones para ver quién se había atrevido a ese cobarde ataque. Y la visión de aquello le hizo enmudecer. Un hombre, quizás in Titán, se acercaba a ella, con un hacha entre las manos. Glen no podía tenerse en pie. El cansancio, la fatiga, el esfuerzo, hacían que cayese sobre sus bellas piernas, y apenas podía tener la espada y el escudo. El casco le pesaba, las muñecas se le habían abierto con el prolongado ejercicio de cercenar cabezas y miembros. No podía hacer nada.

El titán sonrió de manera bravucona. Poco trabajo. Y fácil. ¿Esa era la increíble Glen?
Enmudeció. Los ojos de Glen revelaban un fuego y una fuerza que su cuerpo era incapaz de corresponder.
Bueno. Debía cumplir órdenes de sus jefes. Bien le importaba poco a quién matar, con tal de ganarse unas miseras monedas. Levantó su hacha, pero unos toques en la espalda le despistaron.
- Amigo...-escuchó a una voz profunda tras él- ¿que tal si la dejas descansar y peleas con alguien que esté más fresco? Seria más justo ¿no crees?
El gigante se volvió a su espalda, y vió a un hombre, que apenas le llegaba al pecho, apoyado sobre una enorme maza de acero y esbozando una siniestra sonrisa. Su pelo, que debería ser de un rubio ceniciento, estaba velado por las manchas propias de la batalla. Sus manos encallecidas y su coraza abollada le daban, junto con su barba, un aspecto casi animal.
-Daghas, repón a Glen de sus heridas. Mañana debe estar fresca para partir al oeste, aunque creo que si le damos más de 15 minutos se irá ella sola a pie-sonrió. Al lado de Glen se materializó una figura de complexión fibrosa, envuelta en negros ropajes que ocultaban su rostro a los demás. Sus dagas, colgadas al cinto, exhibían orgullosas las marcas de sangre y carne. Daghas se volvió hacia Thorfinn y asintió en silencio. Cargó con suma delizadeza a Glen sobre sus hombros y entró en el fuerte.
-Veamos que dice el señor-susurró en dirección a Thorfinn.

Ahora, un círculo de guerreros rodeaban a la desigual pareja, que mostraban sus armas danzando lentamente en círculos.
-Intentabas lastimar a mi hermana, ¿verdad?- susurró con voz queda y fría Thorfinn- Además a traición, cuando estaba más debilitada- El gigante vio aparecer unos dientes apretados tras la espesa barba trenzada. - Pues una cosa has de saber, hijo.-prosiguió- Antes tendrán que trocearme y enviar mis trozos en una piel de cabra hacia el mismo nacimiento del sol, para que tu puedas siquiera rozar un solo cabello de MI hermana -dijo recalcando el "mi".- Veamos de qué estás echo, maldito cerdo- y chocó los nudillos recubiertos de malla y placas de acero sobre la cabeza del martillo, dejando oir una nota cristalina y nítida por todo el campo de batalla.

-¡Comenzemos!


Hasta aqui! Próxima parte, el desenlace! Disfrutaaaaaaaaaaaad!

Séid(magia)* Magia cercana a la druídica, que por lo general, sólo le era revelada a las mujeres.

lunes, 14 de julio de 2008

Cap II (parte 2)

El mazazo de Thorfinn fue la chispa que prendio en la hojarasca. Como el rayo que cae sobre el arbol muerto, para luego consumirlo en sus llamaradas y traspasar su destrucción a otros lugares, las armas entrechocaron. Los amigos se colocaron al lado de los amigos, los hermanos junto a los hermanos. Y al frente de todos...Glen. Desgarrando carne y hueso, ofreciendo un sangriento sacrificio a las disas* y a los áses*. El hierro en la mano, la sangre cubriendo su rostro y la mandíbula apretada cada vez que bajaba su mortal filo contra el enemigo. No había piedad, y ellos no la tendrían con los defensores. ¿Para qué pararse a pensar que sería de aquellas almas, si apenas 100 juntas valdrían lo que vale medio hombre de los suyos?

Los miembros caían las cicatrices se seguían unas a otras hasta abrir por completo un cuello, desgarrándolo en casi su totalidad, dejando escapar la vida en forma de borbotones púrpuras que caían sobre las blancas manos de Glen y de sus hombres.

Para variar, no se sabía dónde se encontraba Daghas, sólo se atisbaban fulgores de hojas tras los enemigos, y un pelo negro que desaparecía al instante, para aparecer, en apenas segundos, en la otra punta del campo de batalla, segando la vida de otro infeliz.
Imposible de detectar, de apresar, de apenas percibir, el entrenamiento de Daghas se basaba en una percepción total del entorno, hacerse parte de él, y desplazarse con rapidez inusitada. O quizás, ni siquiera se desplazaba, sino que simplemente, ya estaba alli.
Ciertamente, un aura de misterio rodeaba la figura del respetado, a la par que temido, guerrero silencioso. Apenas hablaba con nadie (solo con su compañero Thorfinn, a quienes algunos le atribuían el estatus de hermano de Daghas. Algo que no se alejaba mucho de la realidad) Siempre en silencio, con un sarcástico y fino sentido del humor, iba envuelto perennemente en ropajes oscuros, quizás como símbolo de su anonimato.
Pues allí se encontraba Daghas. Girando como una mortal peonza. La puñalada que no se dirigía al cuello, se dirigía a los órganos vitales, perfectamente localizados por el oscuro guerrero. Las muertes eran rápidas, silenciosas y efectivas. Extremadamente efectivas. Y la verdad, su estilo de lucha se diferenciaba bastante del de su "hermano" Thorfinn.

Y tanto que se diferenciaban. Mientras Glen luchaba apasionadamente, combinando buenas técnicas con su proverbial agilidad, Daghas aparecía y desaparecía de entre las filas del enemigo. Thorfinn aplicaba su propio método. La destrucción en masa.
Ya se alzaba sobre un montículo de destrozados cadáveres, algunos de sus hombres, caídos honorablemente en una batalla, pero la inmensa mayoría pertenecían al infecto invasor. Su maza hondeaba de un lado para otro, destrozando cráneos y torsos, salpicando de sangre sus barbas y pelo, empapándo su armadura con los efluvios de demoníacos e infieles seres.
Miraba cada poco hacia Glen. SU querida amiga...hermana Glen...sentía en su interior que debia vigilarla y preservarla, pero también sentñia que no era una mujer indefensa, que era una guerrera, a ojos de todos. Sabía defenderse y atacar con vehemencia, pero aun así, la preocupación de Thorfinn era latente.
Terminó de desmembrar a un enemigo de un mazazo en la parte izquierda del pecho y se dispuso a bajar del montículo de cadáveres que había creado a sus pies.
Nadie, jamás, osaría hacer daño a Glen, su hermana, mientras el estuviese vivo. Jamás.


Despuñes la 3 parte del relato! Espero que te guste, y al menos, comentalo un poco.

YERG!

domingo, 13 de julio de 2008

Hola?

Vaya..esto esta desierto. Si podeis decirme algo, os lo agradeceria. Mucho

miércoles, 9 de julio de 2008

Cap II: La batalla nocturna

No hizo falta nada para indicarlo. Casi al unísono, guerreros tanto de un bando como de otro, dispusieron sus armas, entrechocándolas con sus escudos, con sus gargantas rugiendo al cielo donde los dioses verían una batalla como pocas se verían en el Midgard*. Los pechos, abombados de tomar aire para rugir, hacían que las trabas de las armaduras tintineasen. Los cuernos sonaron, advirtiendo a hombres y dioses inmortales que tal era la magnitud de la lucha que se iba a desatar sobre las devastadas tierras de Steinar.
El putrefacto ejército del Traidor* agitó sus rudos escudos y lanzas ante la promesa de una sangre nueva. Al frente de ellos, varios ulfserkrs* mordían al aire e intentaban desgarrar imaginarios jirones de carne. Sucios, desaliñados, vestidos únicamente con taparrabos, o en muchos casos totalmente desnudos, exibían en sus cuerpos las marcas de latigazos, de golpes de espada, horrendas cicatrices, que ante los ojos de los defensores, les negaba su condición humana, relegándolos a infectos animales rabiosos, deseosos de carne y sangre.

Pero su intento de amedrentar al ejército opuesto se vio sofocado por las respuestas de los honorables defensores del baluarte de piedra y madera. Los cuernos retumbaron e hicieron temblar la tierra. Los gritos salieron de sus gargantas, todos preparados para salir por las puertas a fin de acabar con esos indeseables. Y al frente de todos, con una rabiosa mirada, las fauces abiertas y mostrando el filo de su espada como única salida, estaba Glen. La gran Glen Hviti, la jefa de todos aquellos guerreros que darían su vida para desterrar aquella oscuridad del mundo. Puede que hubiese Valhalla. Puede que no. Eso no les importaba. Lo realmente importante era la extirpación del mal de aquellas tierras, el fin de las amenzas, de las matanzas, de la quema de bellos parajes a manos de aquellos que habían negado la humanidad de sus vidas.

-Odín nos proteja- dijo Thorfinn, antes de introducirse en una profunda plegaria al panteón de los nórdicos.
Los hombres le miraron con respeto. Siempre,antes de una batalla, se embarcaba en una meditación a los dioses, pidiendo, suplicando, en su infinita justicia, un buen final y una buena muerte en la batalla.
Su voz se elevó:- Que Ásathor dirija nuestras espadas, que Odín vigile nuestras lanzas, que Njïord aguante nuestros pies, que nos acojan en su reino...
-¡Y que las walkyryas tengan preparados sus pechos para nosotros!- gritó Daghas.
Estó desencandenó a hilaridad general en el grupo de agerridos luchadores. Glen los miró con una sonrisa. Los guerreros eran su auténtica familia. Y por encima de ellos, estaban Daghas y Thorfinn. Éste último le miró con una mirada, mezcla de apoyo y preocupación.

-Tu dirás, mi señora- susurró Daghas.

-...¡MATADLOS!- se oyó al otro lado de la empalizada.
-¡ADELANTE!- rugió Glen.

Las puertas se abrieron. Los luchadores se miraron. Pasó un pequeño lapso de tiempo, midiéndose, calibrando las fuerzas. Y entre todos ellos, apareció Thorfinn, rodeado por un aura sobrenatural.
-¡Impios!- gritó. Su maza fue descargada sobre la cabeza del primer combatiente del infecto ejército, resquebrajándola y, finalmente, reventándola, dejando una nubre de sangre y esquirlas de hueso, a la vez que dejaba paso a Glen y Daghas.

-¡Venid aqui!- fue la última palabra que se oyó, antes de que la sinfonían de armas, escudos y rugidos se aduañase del ambiente...

Esta es la introducción a la batalla. En la próxima...¡SANGRE!

Saludos!

domingo, 6 de julio de 2008

Capitulo II. Lucha en Sveinar

Y el cielo se cerró.

Plomizo y amenazante. Se levantó una suave brisa, moviendo los cabellos dorados de Glen, al compás de un ritmo que provenía de la misma misma Madre Tierra, Glen inspiró: el olor de la hierba mojada, de la madera, de la tierra, las piedras, el agua, el aire...todo inundaba sus pulmones y su alma, recordándole días de sol, de felicidad, de risas. Sonrió levemente, mostrando parte de sus pulcros y blanquisimos dientes. Miró a poniente, donde, entre los árboles, el Sol daba sus últimos coletazos mostrando su poder sobre la tierra y los hombres. Sonrió a Glen, paseando por sus delicados y a la vez regios rasgos, acariciando la piel encostrada de sangre y barro, pero aun asi, suave y delicada, a excepción de algunas cicatrices que le conferían un encanto especial. Era el momento.

Tras de ella, apenas a 5 metros de distancia, Thorfinn miraba embelesado el espectáculo. Nadie más miraba, tal vez como respuesta a la autoridad que sobre ellos ejercía la poderosa Hviti. Pero Thorfinn conocía a Glen antes que ellos. Podía permitirse el mirar.
Los dioses le permitían luchar hombro con hombro. Pero un muro se elevaba entre ellos. Por una parte, su esposo, y a la vez señor de Thorfinn en esas circunstancias (aunque él no lo consideraba su señor en absoluto) en aristócrata Johann, un danés residente en Francia y, por lo tanto, ablandado por sus costumbres. Otra parte era su juramento de fidelidad y su honor para no traicionar a sus amigos Y la última...consideraba que las cosas debían seguir como estaban Se veía como un elemento más dentro de un ejército, y debía en muchas ocasiones contemplar el deber por encima de la amistad. Debía mantenerse firme ante todo. Estos pensamientos los consideraba con su mejor compañero y amigo, Daghas, que le respondía con sabios y buenos consejos.

Admiraba el potencial rival en silencio, sin dar muestras exteriores. Había sabido interiorizar sus sentimientos, fría y calculadamente, para que ello no le impidiese ejercer su mando sobre aquellos hombres.

-Hermano- susurró a su lado Daghas- debemos prestarnos a la lucha.
-Siempre estoy listo-contestó con su ronca voz el guerrero- No pasarán por mi maza sin haber devuelto su maligno espíritu a las entrañas del Niphelheim*

Las lanzas se formaron, los espíritus se agitaron, los músculos se tensaron en torno a las armas. Todos listos. Con valor, con fuerza, con coraje y entrega, todos defenderían el baluarte y sus propias vidas frente a los desgraciados servidores de Loki.

La voz de Glen se elevó: -¡Guerreros! Jamás pisarán uno solo de nuestros cuerpos muertos sin haber segado 10 vidas por cada uno de nosotros. ¡Valor!

El cuerno sonó. Tronó.

La batalla comenzó.


Valhalla*: Morada de los caídos en combate con honor.
Niphelheim*: Nuestro infierno cristiano, pero sin llamas ni fuego, sino como un país helado. Está regido por Hel, hija de Loki, mitad blanca y mitad negra. Desde allí, se levantarán los no-muertos comandados por Loki el día del Ragnarök

Proxima entrada: ¡La batalla!

Disfrutalo. ;)